Cine: En argentina, se estreno la nueva película “Muerte en Buenos Aires”

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La Guia.- Ficha técnica: Muerte en Buenos Aires
(Argentina, 2014)/ Dirección y guión: Natalia
Meta/ Elenco: Demián Bichir, Chino Darín,
Mónica Antonópulos, Carlos Casella, Hugo
Arana, Emilio Disi, Luisa Kuliok/ Fotografía:
Rodrigo Pulpeiro/ Montaje: Eliane Katz/
Sonido: Leandro de Loredo, Sebastián
Sonzogni/ Música: Daniel Melero/ Dirección
de arte: Mariel Ripodas/ Duración: 94
minutos/ Calificación: apta para mayores de
13 años.
Nuestra opinión: regular
El asesinato de un adinerado coleccionista de
cuadros es el disparador de esta historia
policial ambientada en la Buenos Aires de los
80 e inspirada, según ha declarado su
directora, la debutante Natalia Meta, en
Secreto en la montaña, aquel exitoso film de
Ang Lee estrenado en 2005 que ponía el foco
en la relación amorosa entre dos cowboys de
Wyoming. La película intenta reproducir la
estética y el espíritu de aquellos años de
destape posdictadura a partir de una
recreación deliberadamente kitsch -el cantante
de synth pop gay, la agente policial que parece
escapada de Flashdance- cuyo despliegue
evidentemente preocupó más que el rigor
histórico. El ambiente de la seccional donde
trabaja ese inspector agobiado y expeditivo
encarnado por un Demián Bichir (el Fidel
Castro de la película sobre el Che Guevara
dirigida por el estadounidense Steven
Soderbergh) obligado a un esfuerzo
sobrehumano para sonar un poco porteño, se
parece demasiado al de una comedia
costumbrista televisiva, con Hugo Arana en el
rol de comisario caricaturizado como
mascarón de proa. La línea argumental es
débil, decididamente inverosímil en unos
cuantos tramos de la película, la historia de
amor entre los personajes del actor mexicano
y el Chino Darín -un joven policía de moral
ambigua- resulta forzada, y el enigma a
resolver -¿se trató de un crimen pasional, un
ajuste de cuentas o un asesinato por encargo?-
se va diluyendo a medida que la película se
enreda en extravagancias vacías, como la
suelta de caballos en plena Diagonal Sur, una
escena que sintetiza con claridad meridiana
sus objetivos: el efecto antes que la
profundidad. La vocación por revelar que el
glamour del pasado hoy luce bizarro condena
a la película a sufrir el tironeo entre la intriga
y la farsa. Sin un plan de acción muy claro –
las insinuaciones de humor y oscuridad se
alternan anárquicamente-, Muerte en Buenos
Aires revive, más que una época, un cine
aplastado sin piedad por el transcurso del
tiempo.

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