Internacionales: la justicia de Estados Unidos acusa a militares chinos por espionaje industrial

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Foto: AFP/Alex Wong

El Pais/AFP.- Estados Unidos lo había probado todo. Hasta
ahora la respuesta a los ciberataques
procedentes de potencias extranjeras era
asunto del Pentágono y de los servicios de
espionaje, con la NSA (Agencia de Seguridad
Nacional, siglas en inglés) a la cabeza. Pero
estas tácticas han sido poco efectivas.
Tampoco la presión diplomática ha funcionado.
La Administración Obama pone ahora en juego
otro arma contra el espionaje por Internet: los
tribunales norteamericanos. El Departamento
de Justicia ha anunciado este lunes acusaciones
criminales contra cinco altos militares del
Ejército Popular de Liberación chino por
participar en actividades de ciberespionaje. Es
la primera vez que el EE UU inicia un proceso
criminal en este ámbito contra responsables de
otro país.
La acusación contra los militares chinos no se
refiere a casos de ciberespionaje militar o de
inteligencia. Los casos investigados por la
Justicia norteamericana afectan al espionaje
industrial y al robo de secretos comerciales de
cinco empresas manufactureras y energéticas y
un sindicato de EE UU. Supuestamente estas
actividades chinas han provocado pérdidas
millonarias para las empresas afectadas.
Entre las empresas espiadas se encuentra
Westinghouse, Alcoa y United States Steel,
gigantes de la energía nuclear, el aluminio y el
acero respectivamente. El Departamento de
Justicia acusa a China de robarles los secretos
para el beneficio de los competidores chinos
en estos sectores.
Aunque es improbable que los acusados acaben
ante los tribunales de EE UU, la Administración
Obama confía en que el hecho de nombrarles
en la acusación y limitar su capacidad de
movimiento ya tenga un efecto punitivo. EE UU
y China carecen de un tratado de extradición.
“Estos robos del siglo XXI deben parar”, dijo,
en una rueda de prensa en la sede del
Departamento de Justicia, en Washington,
David Hickton, fiscal del distrito occidental de
Pensilvania, una región golpeada por la
desindustrialización y sede algunas de las
empresas espiadas. Hickton dijo que el robo
vía Internet golpea en los trabajadores
norteamericanos: la pérdida de ventaja
competitiva, dijo, tiene un coste en términos
de empleos y fábricas cerradas.
El titular de Justicia, el fiscal general Eric
Holder, rechazó la acusación según el
espionaje es una práctica extendida que todos
los países utilizan. Las revelación, el año
pasado, sobre la vasta red de vigilancia de la
NSA han debilitado los argumentos de EE UU
contra China.
“Nosotros no recolectamos inteligencia”, se
defendió Holder en la rueda de prensa, “para
proveer una ventaja competitiva a nuestra
empresas”. Holder dijo que las acciones chinas
“socavan la integridad” del libre mercado.
En febrero de 2013, Mandiant, una empresa
privada del estado de Virginia, reveló que el
origen de decenas de ciberataques a empresas
de EE UU tenían su origen en un edificio en la
ciudad china de Shanghai y en la unidad 61398
del Ejército Popular de Liberación.
La tensión por el espionaje industrial y la
vulneración de la propiedad intelectual ha
marcado durante años la relación entre EE UU
y China, la potencia ascendente que, según una
visión cada vez más extendida en Washington,
amenaza la hegemonía económica
norteamericana.
En paralelo, las acusaciones mutuas por
ciberespionaje han abierto una especie de
ciberguerra fría entre ambas potencias. El caso
presentado el lunes por el Departamento de
Justicia es el último episodio.

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